| Ser un Aprendiz Eterno
“Hay quien de noche duerme y durante el día se consume".
Los seres humanos debemos mantenernos en un movimiento constante de
crecimiento, el dejar de mejorar es empezar a morir.
En el proceso biológico de los animales cuando dejan de crecer
empiezan a envejecer, y el ser humano tiene el privilegio de hacerse
más humano cada día a través del cambio progresista que lo eleve a
ser mejor todos los días.
La constante que
se
observa en los triunfadores es su hambre por aprender, están
permanentemente alerta al conocimiento que les permita ser mejores. Saben
que a través del conocimiento pueden autodescubrirse y desactivar
una serie de atavismos que por ignorancia nos tienen atrapados.
Que
una conversación con alguien que posea sabiduría les proveerá de
nuevos horizontes.
Que no importando el nivel socioeconómico o la
actividad a la que se dedique la persona, niño, adulto o anciano hay
una fuente de conocimiento si sabemos sinceramente observar y
escuchar.
Hay tres niveles de aprendizaje.
Aprendemos de las palabras, del
sentido y significado de las mismas, pero desafortunadamente muchas
personas se quedan en este nivel y se rigen solamente por la
geometría del lenguaje, y si escuchan una palabra que no les agrada,
descalifican de inmediato a quien la pronunció.
Hay quien observa
los hechos y de ahí obtiene más que las palabras.
Las acciones y los
actos concretos nos llevan a la formulación de un análisis y de una
conclusión, pero desafortunadamente muchas personas no pueden emitir
un juicio adecuado porque se quedaron impactados por una sola acción
sin asimilar el contexto en que se dio la acción, que es el tercer
nivel de conocimiento, entender y comprender el concepto.
En forma integral debemos estar alerta para aprender tanto de las
palabras, los hechos y sobre todo entender el concepto en toda su
profundidad.
Por ejemplo, al analizar las palabras que utilizaba Martin Luther
King en su lucha por la integración racial en Estados Unidos,
algunos habrán entendido su profundidad, otros lo criticarían tan
arduamente que tal vez no quisieran entenderlas, o simplemente se
quedaron en el nivel de la geometría del lenguaje; otros se
convencieron por sus acciones o la congruencia de sus palabras con
los hechos reales, pero algunos otros lo descalificaron por lo
atrevido y audaz de sus acciones y los verdaderamente comprometidos
en su causa fueron aquellos que entendieron cabalmente el concepto,
sabían la profundidad del movimiento y aún cuando con ciertas
palabras o acciones no estaban totalmente de acuerdo, le seguían
porque estaban convencidos del concepto integral que significaba su
lucha a favor de la igualdad y el respeto a los derechos de los
seres de raza negra.
Un antiguo concepto oriental nos ilustra al respecto: "Aprender a
quitar las palabras al mensaje para que realmente puedas entender",
así es el caso cuando un padre reprende a su hijo, tal vez no usa
las palabras adecuadas, o quizá lo castiga con demasiada severidad y
lo hace en esta forma porque no conoce otra manera más eficaz de
hacerlo, pero si
lo ama profundamente lo hace por buscar el bien del
ser amado.
Lo importante a descubrir en las palabras o las acciones
es su significado real en el concepto. Los triunfadores han
aprendido a convertir los fracasos en victorias.
El fracaso aún
cuando es muy doloroso y nos vemos frustrados al no alcanzar una
meta sabemos que si insistimos y si asimilamos la experiencia,
inevitablemente lograremos la victoria, pues el fracaso nos muestra
lo que no debemos hacer y nos reta a realizar lo adecuado y sobre
todo a probar nuestra voluntad a través de la perseverancia y el
optimismo que se requiere para ser un triunfador.
"Esfuércese por comprender el concepto, más allá de las palabras y
los hechos, su sabiduría aumentará día a día y su aprendizaje jamás
se detendrá."
Cuando sufrimos alguna desgracia, lo primero que pensamos es que no
es posible que nos haya sucedido, la incredulidad es nuestra primera
reacción e inmediatamente pasamos a la búsqueda del culpable y es
probable que ahí nos estanquemos y guardemos rencor y odio para toda
la vida.
Cuando entendemos el concepto iniciamos el camino al perdón
que es la comprensión.
Por ejemplo, la pérdida de un hijo se nos
hace incomprensible habiendo tantos que pudieran morir, por qué nos
tocó precisamente a nosotros y reclamamos a Dios una respuesta y lo
culpamos por nuestra desgracia.
El segundo estado es buscar algún
culpable al que directa o indirectamente queremos hacer responsable
de nuestra desgracia y tal vez nos empantalonamos
el resto de nuestra
vida alimentándonos del odio y el deseo de venganza, pero cuando
entendemos que la muerte es un riesgo propio de la vida y
comprendemos que el suceso ya ocurrió, y no tenemos más alternativa
que sufrirlo y aceptarlo como algo natural que en cualquier momento
podría suceder, empezaremos a entender el concepto.
Al líder de todos los tiempos, Jesucristo, le utilizaron muchas de
sus palabras para condenarlo, o algunas de sus acciones, como sanar
un enfermo en día sábado, lo usaron en su contra aquellos que no
entendían el concepto del amor que Él estaba predicando y dando
testimonio para mostrar a la humanidad que existían caminos
superiores a los que marcaba la ley de aquel entonces para lograr
una vida espiritual plena; sus auténticos seguidores entendieron
cabalmente su concepto y aun cuando tal vez no estaban de acuerdo o
no comprendían algunas de sus palabras o acciones sí estaban
convencidos de lo que Él intentaba realizar.
Mucho éxito. |