Lo que Gandhi me Enseñó
ERAN LAS PRIMERAS HORAS DEL AMANECER CUANDO GANDHI y un
compañero atravesaron las puertas de una gran ciudad... con el
propósito de compartir sus enseñanzas con sus habitantes.
Casi inmediatamente, un seguidor del Mahatma que vivía en la ciudad,
se acercó con ojos saltones y le dijo apresuradamente: “Maestro. Vas
a perder el tiempo y tus energías. Las gentes de aquí son duras de
corazón y se resisten al cambio. Y a escuchar las palabras de la
verdad. Son estúpidos e ignorantes y no tienen el menor deseo de
aprender nada. No desperdicies tu talento con ellos.”
Gandhi sonrió y le respondió: “No me cabe la menor duda de que estás
en lo cierto.”
Unos minutos más tarde otro partidario de Gandhi se acercó
calmadamente y le saludó: “Señor, todos los habitantes de esta
afortunada ciudad te dan la más calurosa de las bienvenidas. La
gente aguarda con expectación las perlas de sabiduría que se
desprenderán de tus labios. Están ansiosos por aprender y ávidos de
servirte. Sus corazones y sus almas están abiertos de par en par
hacia ti.”
Gandhi sonrió y respondió: “No me cabe la menor duda de que estás en
lo cierto.”
Su compañero se volvió hacia él con asombro y le dijo: “Maestro,
¿cómo es posible que puedas estar de acuerdo con los dos hombres
cuando sus afirmaciones son diametralmente opuestas? El sol y la
luna nunca serán lo mismo… y el día no puede ser la noche.”
Gandhi también le sonrió a su amigo y le dijo: “No me cabe la menor
duda de que estás en lo cierto. Y considera igualmente que los dos
hombres dijeron la verdad de acuerdo con sus propias convicciones.
El primero, lamentablemente espera ver lo malo… y es lo que ve.
El segundo, ve únicamente lo bueno... y eso es lo que percibe. Ambos
ven el mundo tal y como esperan percibirlo. ¿Cómo puedes decir que
la percepción de uno o de otro es errónea, cuando la humanidad
entera percibe el mundo tal y como elige percibirlo? Ninguno de los
dos dijo nada que no fuera cierto; tan sólo era un tanto
incompleto...”
La Moraleja es que vemos el mundo a través de
nuestros propios “lentes especiales.” Y hacemos lo mismo con
nuestras vidas. Si pensamos que no hay nada que podamos hacer para
mejorar nuestras ganancias, esa será nuestra realidad — pues esta
creencia nos paraliza. Pero si en cambio pensamos que hay alguna
forma de multiplicar nuestras ganancias rápidamente, entonces
buscamos hasta encontrar la
solución.
Mucho éxito.
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